Galicia arde mientras la política se consume: crónica crítica de una tragedia anunciada - Robando Tu Tiempo

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29 agosto 2025

Galicia arde mientras la política se consume: crónica crítica de una tragedia anunciada

Los incendios que este verano han arrasado Galicia —con epicentros dramáticos en Chandrexa de Queixa y Larouco— no solo han calcinado montes, casas y proyectos de vida; han dejado al descubierto, una vez más, la fragilidad de un sistema de prevención y extinción que se tambalea entre la falta de medios, la descoordinación y la utilización política de la tragedia. Más de 160.000 hectáreas devastadas, Ourense convertida en un infierno casi permanente y la ciudadanía desconcertada entre cifras oficiales que no cuadran y relatos mediáticos cruzados.

La pregunta es inevitable: ¿cómo se puede hablar de “refuerzo histórico” de medios cuando motobombas permanecían aparcadas por falta de personal?, ¿qué sentido tiene aprobar planes estratégicos millonarios si, en el momento crítico, los incendios duran 17 días sin control y los sindicatos denuncian más de 200 vacantes sin cubrir en el dispositivo gallego?


Incendios en Galicia 2025
Incendios en Galicia 2025

Los incendios de 2025 en Galicia: una catástrofe ambiental y un fracaso de gestión

La distancia entre el papel y la realidad

En mayo de 2025, la Xunta anunciaba con solemnidad el Plan de Prevención y Defensa contra Incendios Forestales de Galicia (Pladiga), con un incremento del 19% en el presupuesto destinado a formación. Cursos, diplomas, programas de sensibilización, nuevas figuras logísticas… todo en apariencia encaminado a la profesionalización y a la anticipación. Sin embargo, apenas tres meses después, Galicia sufría la peor oleada incendiaria en 30 años, con montes que ardieron como antorchas y brigadas desbordadas.

La contradicción es evidente: mientras en los papeles se acumulaban horas de formación y estadísticas que exhibir en ruedas de prensa, en la práctica faltaban manos para conducir motobombas, cubrir turnos y sostener el operativo. El propio Gobierno gallego pidió al central 30 motobombas mientras las suyas quedaban paradas por falta de conductores. El espejismo de la preparación se desmoronó al primer embate del fuego real.


Declaraciones del presidente de la Xunta Alfonso Rueda el 5 de mayo de 2025 sobre el Plan de Prevención y Defensa contra Incendios Forestales de Galicia


Larouco y Chandrexa: símbolos de un fracaso

El incendio de Larouco, el más devastador de la historia de Galicia, y el de Chandrexa de Queixa, bautizado como “el fuego eterno” por resistir 17 días sin control, han expuesto fallos estructurales. No se trató solo de condiciones extremas —olas de calor de casi 40 grados, maleza sin control, despoblación y abandono del campo—, sino también de una gestión que llegó tarde y mal.

La alcaldesa de Larouco, exbrigadista, lo describió sin eufemismos: “Era un descontrol. Nadie está preparado para esto”. Y no lo estaba porque los pueblos carecen ya de brigadas propias, los cultivos que actuaban como cortafuegos desaparecieron, y el relevo generacional en el rural es mínimo. Allí donde había viñas, el fuego se detuvo; donde solo quedaba monte seco, arrasó con todo.


La política de las cenizas

En vez de afrontar la crisis con honestidad, la tragedia se convirtió en munición política. El PP, que gobierna Galicia, Castilla y León y Madrid —las comunidades más afectadas—, optó por una estrategia clara: trasladar la responsabilidad al Gobierno central. Feijóo habló de “terrorismo incendiario” y de un Ejecutivo “de vacaciones”, recuperando la misma teoría conspirativa que la Fiscalía desmintió en 2017 como “trama imaginaria”. Ayuso, por su parte, abrazó el discurso de Vox y culpó a la “agenda ideológica” y a la Agenda 2030 de impedir la limpieza de montes, pese a que la Ley de Montes obliga precisamente a hacerlo.

El juego es perverso: mientras se esgrime que el problema es la falta de medios estatales o la burocracia climática, se oculta que la competencia en prevención y extinción es autonómica y que fueron gobiernos del PP quienes rechazaron reforzar plantillas o aprobar planes de prevención. No es casual que la Fiscalía investigue ahora la falta de planes municipales de prevención en los lugares más afectados.

El PSOE tampoco queda indemne: su respuesta fue defensiva, centrada en recordar el marco legal y en contrarrestar acusaciones con datos, pero sin atreverse a señalar con claridad la falta de responsabilidad autonómica por miedo a ser tachado de oportunista en plena tragedia.


En 2018 Feijoo como presidente de la Xunta, decía que debían asumir la responsabilidad de los incendios.

Entre el abandono rural y la mentira política

Lo que subyace en esta tragedia no es solo un fallo puntual de gestión, sino un cóctel explosivo: cambio climático, despoblación, monocultivo forestal y desidia política acumulada durante décadas. Galicia lleva años siendo el epicentro de incendios en España porque la ecuación es la misma: más eucaliptos y pinos, menos cultivos y ganado, menos barreras naturales y menos manos para trabajar la tierra.

El problema se agrava cuando los gobernantes prefieren esconderse tras discursos grandilocuentes, fotos con chalecos en zonas calcinadas y acusaciones cruzadas en vez de reconocer la magnitud del fracaso colectivo. La polarización política convierte una catástrofe ambiental en una batalla de relatos, mientras las montañas se transforman en desiertos y los pueblos en cenizas.


Declaraciones Alfonso Rueda Xunta Incendios Galicia chaleco y barba
Alfonso Rueda, presidente de la Xunta, durante sus declaraciones sobre los incendios. La imagen refleja una conocida estrategia mediática en situaciones de crisis: el uso del chaleco de emergencia, el rostro visiblemente cansado o la barba de varios días buscan transmitir cercanía, empatía e implicación directa en la gestión del desastre. Una práctica de comunicación política destinada a personalizar la catástrofe y controlar la narrativa visual ante la opinión pública, aunque a menudo percibida como un gesto superficial y premeditado.


Un futuro que no se escribe con ceniza

Los incendios de 2025 deberían ser un punto de inflexión. Pero todo apunta a que quedarán como otro episodio de indignación momentánea, mientras los bosques se regeneran a base de especies igual de inflamables y los políticos repiten sus gestos mediáticos de manual.

La verdadera prevención no pasa solo por planes estratégicos o cifras de inversión: exige repensar el modelo forestal, devolver vida al rural, diversificar cultivos, incentivar el pastoreo y convertir a la población en aliada, no en mera espectadora. Exige también un pacto político sincero, sin trampas ni cortinas de humo, que asuma que los incendios son un fenómeno estructural y agravado por el cambio climático, y no simple munición para desgastar al adversario.

De lo contrario, Galicia y buena parte de España seguirán ardiendo cada verano. Y lo harán con la misma impotencia que hoy sentimos: viendo cómo los montes se consumen, pero también cómo la política se quema en la hoguera de la irresponsabilidad.


Nunca máis Lume
Nunca Máis Lume Nos Nosos Montes

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